La Venganza de la Primavera Por María Vallejo
Los cambios climáticos que comporta la primavera ocasionan alteraciones en el organismo provocando en algunas personas la aparición de ciertos trastornos. La polinosis o alergia al polen es uno de ellos. Para quienes la padecen este año se presenta complicada ya que la concentración de pólenes, marcada por la pluviosidad de los meses de otoño, situará esta primavera entre las tres más altas de los últimos años, según los expertos en alergología. Por otra parte, en esta época es frecuente padecer astenia primaveral, un problema que tiene que ver con la adaptación de nuestro cuerpo al buen tiempo.
Si los ojos te pican mucho, se te ponen rojos o lloran, si estornudas seguidamente varias veces o tienes mucha secreción de tipo acuoso o, incluso, sientes cierta opresión en el pecho o notas que te falta el aire, entonces es posible que padezcas polinosis o alergia al polen. Esta es una de las afecciones más comunes de la primavera. “Se produce por una reacción del organismo contra el polen transportado por el aire en la época de polinización. Cuando el polen entra en la vía respiratoria, se origina una inflamación en la misma que da lugar a los síntomas mencionados y que variarán según la localización”, explica Antonio Parra Arriondo, jefe de la unidad de alergología del Complejo Hospitalario Universitario A Coruña. Como la causa más importante de esta enfermedad es el polen de gramíneas, que poliniza en los meses de mayo y junio, las molestias se concentran en este momento del año, de ahí que esta alergia sea estacional. Otras plantas alergénicas tienen diferentes fechas de polinización y, por lo tanto, las molestias pueden ser máximas en momentos diversos, o prolongarse más tiempo.
La predisposición genética aumenta el riesgo exponencial de padecer alergias, pero también influye el medio que nos rodea. “Si yo heredo la predisposición a ser alérgico, sufriré alergia al polen si vivo en una zona de gran concentración al polen. Por el contrario, si vivo en la costa, donde existe una importante acumulación de ácaros al polvo, es más fácil que me vuelva alérgico a los mismos. Me hago alérgico a aquello que me rodea”, comenta Antonio Parra.
Precisamente respecto al entorno que nos rodea la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), comunicó recientemente que las lluvias de los últimos meses van a facilitar una primavera de polinización intensa, según apuntó el doctor Javier Subiza, coordinador del Comité de Aerobiología de la SEAIC. Las concentraciones de polen de cada primavera están marcadas por las lluvias de otoño y este año, la pluviosidad de octubre a enero en la Comunidad de Madrid ha sido de 207 litros/m2, casi el doble que en 2007 (138 litros). Teniendo en cuenta estos factores la primavera de 2009 estará entre las tres más altas de los últimos diez años. “Se espera que las concentraciones acumuladas de polen de gramíneas superen los 5.100 granos por m3 de aire, frente a los 4.000 grs./m3 registrados en 2008”, especifica Subiza.
Síntomas de alarma y tratamientos
Si se sufren “catarros” de repetición en primavera-verano, con gran afectación en los ojos, sin fiebre ni síntomas generales , en el caso de alergia al polen, o igualmente catarros de repetición a lo largo del año acompañados de dificultad respiratoria, en el caso de alérgenos perennes, debemos plantearnos consultar con un especialista nuestro problema. “Cuando hay una sospecha de alergia un buen estudio alergológico ayuda a evitar la causa de la misma. Si en los casos de alergia estacional la enfermedad se puede controlar bien con medicación, no haría falta este análisis exhaustivo, pero si los síntomas son prolongados en el tiempo sí sería conveniente”, apunta Parra.
En cualquier caso, la mejor forma de tratar la alergia al polen es evitar la causa de la misma. Aunque esto no siempre sea posible, se pueden tomar una serie de medidas preventivas, por ello es importante conducir con las ventanas del coche cerradas, utilizar sistemas de aire acondicionado, ponerse gafas de sol, procurar ventilar la casa por la mañana, que es cuando menos concentración de polen hay, y tratar de no salir a la calle en días especialmente soleados y calurosos, sobre todo en bicicleta o moto.
Existen también medicamentos, y cuando la alergia es limitada a pocas sustancias como el polen de gramíneas, se puede emplear la vacuna antialérgica, “la cual hoy por hoy, es el único tratamiento capaz de modificar el curso natural de la enfermedad”, dice el experto. Ahora bien, ninguno de estos métodos resulta suficiente si el paciente desconoce la patología, siendo su educación al respecto un suplemento necesario.
La depresión primaveral
Otro de los males frecuentes durante la estación de las flores es la astenia primaveral. En un nivel leve o moderado, afecta a una de cada diez personas, siendo las mujeres con edades comprendidas entre 35 y 60 años las más propensas a padecerla, asegura Pilar León, vocal de alimentación del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid.
La astenia primaveral es un trastorno leve y pasajero que se produce cuando nuestro cuerpo no consigue adaptarse de forma adecuada a los cambios que conlleva la nueva estación. La causa de esta reacción es la disminución de las endorfinas en el organismo, unas sustancias que regulan nuestra sensación de bienestar. Esto se manifiesta a través de un cansancio continuo, debilidad, agotamiento, somnolencia y falta de vitalidad generalizada.
Los entendidos coinciden en señalar que la clave para combatir y prevenir la astenia primaveral es mantener unos hábitos de vida saludables, basados en una correcta alimentación que fortalezca el sistema inmunológico.
En este sentido, la farmacéutica asegura que “una alimentación inadecuada puede potenciar esta patología y potenciar la fatiga ya existente”. Por ello recomida una dieta equilibrada acompañada de una buena hidratación, seguir los horarios de las comidas, realizando cinco comida al día, dormir las horas necesarias, practicar ejercicio físico y mantener una actitud positiva, ya que la risa hace que se liberen endorfinas, hormonas que son capaces de retrasar la sensación de cansancio y aumentar el umbral del dolor.
En lo referente a la alimentación aconseja aumentar la ingesta de cereales, legumbres, frutas y verduras, comer productos integrales y pescados azules. Por otra parte, hay que evitar bollos, pasteles, fritos, comidas muy elaboradas, salsas y bebidas excitantes como cafeína, té, alcohol, etc.



