
FECHA DE PUBLICACIÓN:octubre de 2011
FISIOTERAPIA
e incontinencia urinaria
Por Diego Tercero López ( Fisioterapeuta)
La incontinencia urinaria es a menudo un problema de salud poco difundido por quienes lo sufren, y solo un tercio de estos buscan ayuda profesional. Se cree que afecta aproximadamente a 2 millones de españoles y que supuso en el año 2001 un 3,2% del total de la prestación farmacéutica, 210 millones de euros (Reimundez 2002).
¿Qué es la incontinencia urinaria y a quién afecta?
Tal como define la Sociedad Internacional de Continencia, la incontinencia urinaria es la pérdida involuntaria de la orina. Según su duración puede considerarse establecida cuando dura más de 4 semanas, o transitoria si la duración ha sido inferior a este periodo, como ocurre en los casos de delirio o estado confusional agudo, infección urinaria, vaginitis y uretritis atrófica, polifarmacia, trastornos psicológicos, enfermedades endocrinas y alteraciones electrolíticas (Vila Coll 2005).
Aunque los estudios de prevalencia son muy dispares en cuanto a datos, coinciden en que es el doble de frecuente en mujeres que en hombres, y el riesgo de sufrirla aumenta claramente con la edad, sobre todo para los hombres a partir de los 80 años. En estos, los principales factores de riesgo para sufrir incontinencia urinaria tienen que ver mayoritariamente con el aumento de tamaño de la próstata o con la extirpación de ésta. En mujeres se asocia frecuentemente al número de partos, si fueron vaginales, si se usaron fórceps y si el recién nacido era de gran tamaño.
Con frecuencia, el efecto negativo de la pérdida de autonomía crea un efecto negativo sobre la autoestima, la autopercepción de la salud y finalmente sobre la calidad de vida.
¿Por qué se produce la incontinencia?
El sistema urinario está compuesto de forma sencilla por los riñones, los uréteres, la vejiga urinaria y la uretra. En un proceso complejo, los riñones forman la orina que después descenderá por los uréteres hasta la vejiga, donde será almacenada para su posterior expulsión a través de la uretra durante la micción.
El almacenamiento de la orina en la vejiga, es decir, la continencia, depende finalmente de acciones musculares. Los músculos principales son el detrusor, que es el músculo de la vejiga, y el esfínter externo de la uretra. El esfínter es un músculo circular que podemos utilizar a voluntad, esto es, cuando sentimos ganar de orinar pero no estamos en el lugar adecuado, podemos contraer este músculo impidiendo la salida de la orina. Cuando el esfínter es hipoactivo, es ineficiente para retener la salida de la orina y se produce la pérdida involuntaria de ésta. Cuando el esfínter es hiperactivo, la orina no puede salir a través de la uretra y se acumula en la vejiga. Llegado al máximo nivel de almacenamiento vesical, la orina rebosa y el exceso de presión ocasiona entonces la pérdida involuntaria de orina a través de la uretra. El músculo detrusor puede igualmente ser incompetente por hipoactividad o hiperactividad. La hiperactividad del músculo detrusor producirá contracciones involuntarias, ya sean de forma espontánea, por un llenado rápido o por alteraciones posturales. Al contraerse el detrusor disminuirá la capacidad de la vejiga y se comportará como si estuviera llena, aun cuando el volumen de orina almacenado sea poco. En el caso contrario, cuando existe una hipoactividad del detrusor, no se producirá su contracción y la vejiga se llenará hasta producir rebosamiento ocasionando la pérdida involuntaria de orina a través de la uretra.
¿Qué tipos de incontinencia hay, cómo reconocerlos y por qué se producen?
Incontinencia urinaria de esfuerzo
Este es el caso de un esfínter externo uretral hipoactivo. La incontinencia urinaria de esfuerzo se produce durante actividades físicas como levantar pesos, toser, estornudar, reírse, correr, etc., donde la presión intraabdominal aumenta y con ello la presión sobre la vejiga, propulsando el contenido de orina hacia el exterior. Al ser hipoactivo el esfínter de la uretra, no es capaz de cerrar el paso a la salida de orina. Se caracteriza por no dar sensación previa de deseo de micción o sensación de escape de orina.
Se relaciona con las alteraciones producidas durante el parto en la fascia que sostiene la uretra así como la lesión de los músculos del periné, y en hombres debido a las lesiones postquirúrgicas con motivo la extirpación de la próstata.
Incontinencia urinaria de urgencia
Consiste en la pérdida involuntaria de orina debido a un repentino, súbito y urgente deseo de miccionar. En los estadíos iniciales la persona puede aguantar hasta llegar al aseo más próximo, sin embargo, cuando la incontinencia está instaurada, se produce la pérdida de orina. Aunque puede haber un problema con el impulso sensitivo procedente de la vejiga, casi la totalidad de las incontinencias de urgencia se originan por un fallo en la inhibición motora del reflejo de la micción (vejiga inestable). Suele afectar a mujeres a partir de la cuarta década de vida.
Como factores de riesgo se identifica un grupo donde el origen es desconocido y se piensa que pueda tener que ver con malos hábitos miccionales que someten al detrusor a largos y continuados aumentos de presión, hasta que éste claudica y se comporta como si estuviera lleno con pequeñas cantidades de orina en su interior. Otros factores son las alteraciones neurológicas como la esclerosis múltiple, el accidente vascular cerebral, enfermedad de Parkinson, enfermedad de Alzheimer, etc. Pueden ser además secundarias a alteraciones del urotelio vesical, esto es, por causas infecciosas, inflamatorias, irritativas, etc., y secundarias a obstrucción como ocurre con el aumento de tamaño prostático en los hombres.
Incontinencia urinaria mixta
La clínica combina síntomas de los dos tipos antes comentados, urgencia y frecuencia miccional, con pérdida de orina al toser, reír o con cualquier esfuerzo. La pérdida de orina se produce por doble mecanismo: hiperactividad del detrusor e incompetencia esfinteriana.
Incontinencia urinaria
por rebosamiento
Se produce debido a una distención de la vejiga. La orina se va acumulando en la vejiga hasta que esta está completamente llena. Es entonces cuando el esfínter externo uretral no es del todo competente debido a la gran presión ejercida por el rebosamiento vesical, y deja pasar gotas de orina de forma continua. La persona siente la sensación de estar mojado/a todo el día. Es más frecuente en hombres debido a que el aumento de tamaño de la próstata dificulta la salida de orina hacia la uretra, obligando al detrusor a trabajar de forma anómala y distendiéndose a largo plazo.
Incontinencia urinaria neurógena
Disfunción del tracto urinario inferior debido a la alteración neurológica a nivel cerebral, medular o de los nervios periféricos.
¿Cómo se trata la incontinencia urinaria?
El primer paso, ineludible, debe ser acudir a su médico. Lo más importante para un buen tratamiento es un correcto diagnóstico. Una vez diagnosticado el tipo de incontinencia y sus causas se planificará el tratamiento más adecuado. Cualquier actuación de tratamiento, mantenimiento, prevención, etc., deberá ser pautada por un profesional sanitario cualificado, por tanto, consulte a su médico previamente a comenzar cualquier tipo de intervención.
El tratamiento de la incontinencia urinaria se basa fundamentalmente en cuatro pilares: farmacología, educación sanitaria y hábitos de vida, ejercicio físico y cirugía.
La fisioterapia actúa principalmente sobre los mecanismos de producción de incontinencia de esfuerzo. Como se ha comentado con anterioridad, este tipo de incontinencia se produce al aumentar la presión intraabdominal durante esfuerzo físico. La ineficiencia del esfínter externo de la uretra para contener el avance súbito de la orina desde la vejiga presionada, ocasiona la pérdida involuntaria de orina. El esfínter externo de la uretra pertenece y trabaja coordinadamente con la musculatura del suelo pélvico, o musculatura del periné. Los ejercicios de reeducación del suelo pélvico persiguen mejorar la respuesta motora y la tonicidad muscular, para ofrecer un correcto freno voluntario a la pérdida involuntaria de orina.
El tratamiento se divide habitualmente en dos fases. La primera pretende que la persona sea capaz de sentir la musculatura abdominopelviana y del suelo pélvico. Es decir, se le instruye de tal forma que tenga un control voluntario de cuándo sí y cuándo no quiere mantener contraída la musculatura. Para ello se utilizan ayudas como las sondas vaginales conectadas a un dispositivo de retroalimentación. Consiste en colocar una sonda vaginal con un electrodo que al contactar con las paredes de la vagina, identifica la actividad muscular y permite su visualización gráfica, luminosa o sonora. De este modo, aquellas personas que no son capaces de identificar si están o no contrayendo la musculatura perineal, obtienen una confirmación concisa a través del dispositivo de retroalimentación. Menos sofisticado, pero válido también, es introducir el propio dedo de la persona. Con el dedo situado intravaginalmente, se contrae la musculatura del suelo pélvico (por ejemplo haciendo la intención de cortar el pis), de tal forma que, si se identifica presión sobre el dedo corroborará que ha habido una contracción de la musculatura pretendida. En ocasiones se utiliza la estimulación eléctrica del suelo pélvico para crear conciencia de la musculatura deseada.
Una vez que la primera fase se ha completado, aquella en la que la persona es capaz de contraer la musculatura en cuestión, de forma voluntaria, se continua con una segunda fase donde se pretenderá mejorar la fuerza y resistencia de esta musculatura. Aunque hay diversidad de ejercicios para esta fase, los más popularizados y extendidos son los Ejercicios de Kegel. Además de estos ejercicios, se pueden utilizar ayudas mecánicas como los conos vaginales. Se introduce el pequeño cono en la vagina, los músculos se contraen para evitar que el cono resbale y caiga, en esta contracción muscular, la musculatura del suelo pélvico aumenta en fuera y resistencia muscular.
GIMNASIA ABDOMINAL
HIPOPRESIVA
Objetivos:
Especialmente diseñada para la recuperación del suelo pélvico y de la faja abdominal tras el parto.
Recomendada para los problemas:
miccionales, incontinencia urinaria, prolapso (caída) vaginal, déficit postural, anorgasmia, etc.
¿En qué consiste?
A través de una postura mantenida y una respiración especifica conseguimos disminuir la presión intraabdominal lo que conlleva un refuerzo en la musculatura del suelo pélvico y de los abdominales.
¿Dónde?
Studio Pilates
Majadahonda
Av. Doctor Calero, 19.
Tel.: 91 639 17 61
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Vila Coll, M A; Gallardo Guerra, M J. Incontinencia urinaria, una visión desde la Atención Primaria. Semergen. 2005;31:270-83.
Toquero de la Torre F. Zarco Rodríguez J. Guía de buena práctica clínica en incontinencia urinaria. Organización Médica Colegial.
Reimundez G. Incontinencia urinaria, la enfermedad silenciosa. Rev Esp Econ Salud 2002;1:27 30.


