Y nuestro pueblo no podía ser menos. Los primeros documentos escritos que hablan de Majadahonda datan del año 1200, aunque los expertos estiman que el primer asentamiento probablemente fue anterior a esa fecha. Entre estos expertos se encuentra Manuel Gesteiro, uno de los principales estudiosos de la historia majariega, y autor de la frase citada en la entradilla de este reportaje.
Es muy probable que muchos de los lectores conozcan o recuerden a Manuel, y no es de extrañar, puesto que durante catorce años, de 1990 a 2004, fue profesor de Historia y Geografía en el Instituto Leonardo Da Vinci. Natural de Marín, pero ‘adoptado’ por nuestro municipio desde 1975, Manuel Gesteiro se interesó por la historia majariega casi por casualidad: estando inmerso en su tesis doctoral en la década de los 80, el Ayuntamiento de Majadahonda, con Luis Egea a la cabeza como regidor, convocó un Premio de Investigación en 1986, y a Manuel le picó la curiosidad.
Dejando algo aparcado su doctorado, Gesteiro se zambulló en la documentación existente sobre nuestro municipio, visitando la Biblioteca Nacional, el Archivo Diocesano, el Archivo de Alcalá de Henares; y hablando con todos aquellos majariegos que pudieran aportar algún dato, como el antiguo alcalde Julio Labrandero. Después de muchos meses de investigación Manuel presentó, tan sólo un día antes de la fecha límite, un voluminoso trabajo sobre la historia de Majadahonda que le valió el primer premio.
Ese galardón fue el inicio de muchos años de investigación e interés por Majadahonda. Poco tiempo después de ese premio, Gesteiro escribió un artículo para el primer y único número de la revista del Instituto, pero la colaboración con el Ayuntamiento no había hecho más que empezar. En 1992 el alcalde Romero de Tejada le pidió su ayuda para elaborar los folletos que estuvieron presentes en el stand de Majadahonda de la exposición Expooeste, y desde ese momento escribió, de forma periódica y completamente gratuita, artículos históricos para la revista municipal.
Hijo predilecto
Tantos años de estudio y documentación han dado para mucho. Manuel dice considerarse “anti-anécdotas”, pero cuenta que uno de los hechos más curiosos que ha vivido durante su investigación ha sido el encontrar, en casa del antiguo alcalde Labrandero, un sarcófago tardorromano en piedra de aproximadamente el siglo VI. “Los abuelos de Julio lo habían desenterrado mientras araban sus tierras, y como no sabían qué era lo utilizaron primero como abrevadero para las reses, y más tarde como macetero”, comenta Manuel mientras sonríe al recordarlo.
Y si bien el profesor Gesteiro, como buen historiador, no es muy amigo de quedarse con hechos aislados, con puras anécdotas; no le sucede lo mismo si le preguntamos por su majariego predilecto. “Miguel de Haro”, afirma sin dudar ni un momento. Este personaje nació y vivió en nuestro municipio de 1568 y 1643 y, según Gesteiro, ha sido una de las personas que más han hecho por Majadahonda: de familia noble, De Haro se preocupó por mejorar la educación y las condiciones de vida de los majariegos realizando distintas obras. A su muerte legó todos sus bienes para el pago perpetuo del sueldo del maestro, del sueldo del capellán y de la dote de tres huérfanas. “Y aunque parezca mentira, comenta Manuel, este dinero ha durado hasta mediados del siglo pasado. No era una cantidad enorme, sólo unas 360 reales, pero nos da una fiel idea de cuánto dinero dejó Miguel de Haro para su pueblo”. Después de esto, es normal que Gesteiro sienta predilección por este personaje y, tal es su admiración, que propuso el nombre del noble para el instituto público de la calle de Los Pinos, aunque finalmente salió elegida la propuesta de llamar al centro Carlos Bousoño, en honor al famoso poeta y vecino majariego por aquel entonces.
Nuevos proyectos
En 1999, y a raíz de la publicación de un artículo que levantó ampollas entre las familias más castizas de Majadahonda titulado ‘En este pueblo hubo una guerra’, terminó la colaboración entre Manuel Gesteiro y la revista municipal. Al parecer sus palabras hirieron la sensibilidad de ciertas personas, quienes acusaron a Gesteiro de estar pagado para difamarles. Nada más lejos de la realidad, por supuesto, a lo que Manuel se defendió en su artículo ‘Cómo he sabido qué…’, en el que explicaba con pelos y señales las fuentes de su investigación. Pero, como ya se sabe, la política y los apellidos suelen pesar más que la verdad, y los responsables de la revista dejaron de publicar sus colaboraciones.
Pero este hecho no supuso el fin de su interés por Majadahonda. Al contrario. A finales de los años 90 publicó una recopilación de todos sus artículos y, junto a Julio Valverde, un libro de fotografías antiguas que tuvo muy buena acogida entre los vecinos. Desde entonces han pasado algunos años, se le han cerrado algunas puertas, como la de escribir, con ayuda del ayuntamiento, un libro sobre el Doctor Calero; pero Manuel dice que está “de nuevo ilusionado con el trabajo”. Ya tiene en marcha un nuevo proyecto de libro y, desde Majadahonda Te Vá, no sólo le animamos y agradecemos que se ocupe de recuperar la historia de nuestra ciudad, sino que le brindamos nuestras páginas para que, cuando quiera, las use como ventana de difusión de la historia y las costumbres majariegas. Será un placer contar con su colaboración Don Manuel.
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