Tanto si disfrutas de un jardín o de una terraza llena de plantas, el
verano es una de las estaciones del año donde más atención necesitan
tus plantas y flores si quieres sigan fuertes y frondosas cuando
vuelvas de tus vacaciones. En esta época se enfrentan a algunos
de sus peores enemigos: Las altas temperaturas y la sequedad del
ambiente..
¿Cómo cuidarlas y conseguir que el cambio de estación no las afecte?
Lo primero es asegurar que están recibiendo agua suficiente para cubrir sus necesidades. En el caso de los jardines, lo ideal es emplear un sistema de riego por goteo. El riego por goteo fue inventado por los israelitas quienes necesitaban un sistema eficaz pero que no consumiera mucha agua ya que la mayor parte del territorio es desértico. El riego por goteo te ayudará a ahorrar agua y tiempo al no tener que regar de manera manual con la manguera. Respecto a los aspersores, su uso también está muy extendido aunque hay que tener cuidado ya que el agua puede arrastrar esporas de hongos al pasar por el aire. Si estás preocupado por un césped que palidece y no crece tanto como esperabas, puede ser porque la variedad elegida no es la más apropiada para Majadahonda. Si el césped rodea tu piscina ten en cuenta que tiene de enfrentarse a pisadas y roces continuos en verano además de al calor. El cloro del agua que salpica desde la piscina afecta también y si el tipo de césped no es resistente a este agente químico acabarán apareciendo las famosas “calvas”.
Si lo que te preocupa son las plantas de tu terraza, antes de salir de vacaciones coloca varios cubos o barreños con agua cerca de ellas e introduce un cordón en la tierra de cada maceta que vaya directamente hasta el agua de los barreños. De esta manera, cada vez que necesiten agua la absorberán directamente. Cuanta más capilaridad tenga el cordón, más fácil resultará para las plantas absorber el agua. Si no te vas de vacaciones tómalo por el lado positivo, serás capaz de mimar a tus plantas y asegurar su supervivencia. Conoce el tipo de tierra de tus macetas, si no estás seguro, lleva un puñadito hasta tu floristería más cercana y allí te informarán. Si tu tierra es arenosa no retendrá el agua y deberás de regar tus plantas más que si es de arcilla. Asegúrate en cualquier caso de que tiene un buen drenaje y los nutrientes necesarios.
Riega siempre cuando la temperatura empiece a bajar puesto que evitarás que el agua se evapore e intenta mantener un bien nivel de humedad, ya sea mediante la colocación de platitos con agua alrededor que humedecerán el ambiente a medida que se evapore o bien rociando agua con un spray por encima de las hojas.
Es fundamental que el rociado se haga cuando los rayos del sol no lleguen hasta la planta ya que las diminutas gotas actuarían como lupas quemando las hojas. Además, la sequedad del verano provoca que se deposite más polvo encima de las hojas que dificulta la absorción del oxígeno por lo que el spray ayudará a eliminar este polvo.
Otra buena opción es humedecer una bayeta de algodón y con mucho cuidado limpiar hoja a hoja la planta o colocar los tiestos encima de rejillas y debajo de estas recipientes con agua.
También acuérdate de poner las plantas juntas y así las ayudarás a crear un “micro-clima” que reduzca la sequedad. Y si tus plantas tienen hojas y flores secas, arráncalas con delicadeza ya que seguirán absorbiendo agua e impidiendo que crezca el resto de la planta.
Una buena opción para mimar a nuestras plantitas es crear una “alfombra” de humus en el suelo de entre dos y seis centímetros de grosor, siempre sin cubrir los tallos.
Abono
El inicio del verano es buena época para abonar si no lo has hecho en primavera, pero cuidado, si las temperaturas son muy altas las plantas entrarán en el período de “agostamiento” o reposo para protegerse del calor, momento en el que el abonado no es recomendable. A principios del verano han de abonarse las plantas que tendrán flores y frutos durante la estación y a finales llegará el turno de las rosas.
Para abonar, simplemente remueve con delicadeza la primera capa de tierra y mézclala con el abono. A continuación riega la maceta. El abono, que puede ser tanto líquido como en pastillas, dejará la tierra “esponjosa”, evitará que se seque y aportará oxígeno a las raíces.
Y si estamos dentro del grupo de personas a quienes simplemente las plantas no se nos dan bien, siempre nos queda ser menos originales y recurrir a las especies autóctonas que resultarán mucho más sencillas de cuidar y no sufrirán tanto con los cambios de estación.



