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FECHA DE PUBLICACIÓN: Enero de 2010

En busca de un techo.

Una historia de okupas. Por María Vallejo

A finales del año pasado Majadahonda fue protagonista en distintos medios de comunicación por tener el “mayor asentamiento “okupa” de la región”. Majadahona Te Vá ha querido conocer de cerca la realidad de estas familias, ubicadas en la calle Neptuno, y ha conseguido conversar con dos de sus protagonistas. Los vecinos y el Ayuntamiento también nos han contado su versión.

 

Plinio tiene una preciosa sonrisa que ilumina su tez negra y que, a pesar de sus circunstancias actuales, ofrece a cualquier interlocutor que conversa con él. Tiene 46 años, es de la República Dominicana y lleva siete años residiendo en España, seis de ellos en Majadahonda. Actualmente no trabaja debido a un accidente laboral y no recibe ningún tipo de subsidio. Su hijo de 15 años vive con él. Horacio, un colombiano de 48 años es su vecino. Su carácter es alegre, pero su situación no es precisamente para lanzar cohetes. Llegó a nuestro país hace diez años y ahora se dedica a repartir pizzas los sábados y domingos, dos horas cada día. Estos son los únicos ingresos que obtiene, más lo que saca de alguna que otra “chapuza” que consigue esporádicamente. Horacio también es padre de un chaval de 20 años, que ha dejado currículos en infinidad de empresas sin obtener respuesta.


Plinio y Horacio son dos de los protagonistas de una triste realidad social que desde hace unos meses ha salpicado a nuestro municipio. Distintos medios de comunicación se hicieron eco de la noticia: “el mayor asentamiento “okupa” de la Comunidad de Madrid se encuentra en Majadahonda”. A estos dos inmigrantes, que hablaron con Majadahonda Te Vá, no les gusta haber adquirido la fama por este motivo, sin embargo sus dramas personales les han llevado ineludiblemente, a ser los actores principales de una trama que siempre ha estado presente de alguna forma en nuestro país y que, ahora, desde la aparición de la crisis, en la que España parece ocupar un lugar perenne, se ha acentuado.


Según nos han contado ambos, que antes vivían de alquiler en el municipio, se enteraron de la posibilidad de residir en unos pisos vacíos de un edificio abandonado en la calle Neptuno de la localidad, mientras conversaban con otros colegas en nuestra céntrica Gran Vía.

 

Hacia el mes de octubre del año pasado este rumor se corrió entre varias familias con una situación económica complicada, y no dudaron en ponerse manos a la obra para habilitar las viviendas de este inmueble desvencijado. “La gente llegó –explica Plinio- y empezó a elegir. Después cada uno se puso a limpiar, porque esto estaba sucísimo, y a pintar su casa, ya que las paredes estaban llenas de pintadas extrañas”. Pusieron nuevas cerraduras a las puertas y poco a poco las distintas familias, unas 24 aproximadamente, acondicionaron sus nuevos hogares, invirtiendo en la medida de las posibilidades individuales, sus ahorros para vivir, por lo menos, dignamente. Y el resultado es acogedor. Plinio y Horacio han conseguido que en sus casas haya armonía, pese a las incomodidades que tienen que soportar. Las principales: la falta de luz y agua.
Para subsanar estas carencias decidieron comprar unos generadores. Ubicados en el garaje, funcionan con gasolina y cada piso (aunque algunos lo comporten) tiene el suyo. A través de unos cables se conectan a las tomas de luz de los distintos pisos. Para conseguir el agua tienen unos contendores que llenan donde pueden, comenta Horacio.

 

¿Qué opinan los vecinos?

 

Así subsiste este grupo de personas, formado principalmente por iberoamericanos (colombianos, dominicanos…) y españoles. Pero, ¿qué opinan los vecinos de la zona? Para Enrique Moya, presidente de la Asociación de Familias Numerosas de Majadahonda , vecino de la zona, esta situación se veía venir. El edificio se empezó a construir entre los años 1996 y 1997, y según fuentes del Ayuntamiento hace aproximadamente siete años que esta institución “denegó la licencia de primera ocupación por anomalías en la ejecución del proyecto de construcción, entre otras causas por una planta de más, mala distribución del garaje, falta de salidas de emergencias…” Por lo tanto, el problema viene de mucho tiempo atrás.
Antes de la actual ocupación, otra serie de personas, cuyo comportamiento era éticamente dudoso, rondaba la construcción. Hay quien habla de delincuentes o drogadictos. Por ello, Plinio asegura que “ahora los vecinos dicen que no tienen queja de nosotros, que les hemos limpiado todo y no molestamos”. Moya corrobora que él particularmente no ha notado nada y que los nuevos moradores no se meten con nadie. Y lo cierto es que al pasar frente a la edificación no se oye absolutamente nada y, si no fuera porque la construcción carece en su entrada de elementos de jardinería, tan propios de las construcciones majariegas, ningún viandante sospecharía lo que se está viviendo detrás de esos ladrillos.
Según Moya, la principal preocupación para algunos vecinos, es que se produzca alguna desviación de las tomas de luz y de agua. Una intranquilidad que ya ha manifestado expresamente al consistorio. Precisamente este tema también les inquieta a los actuales residentes ilegales. Ellos niegan este tipo de actuación, ya que como enseñaron a esta revista su forma de acceder a estas necesidades básicas es a través de generadores propios y contenedores que ellos mismos proveen de agua de diferentes lugares: fuentes o similares. Pero esto, constituye también un problema para ellos al tener que estar comprando gasolina o buscando con qué limpiar o beber de forma continuada. Han intentado contactar con el Ayuntamiento para que les facilite las dos cosas y de hecho hay una comisión de vecinos que está tratando de movilizar esta cuestión. “A nosotros nos gustaría que nos pusieran agua y luz, aunque la tuviéramos que pagar, pero no la estamos robando. Sólo pedimos al Ayuntamiento que nos pongan ambas cosas”, añade Horacio.
La cuestión final es qué van a hacer las autoridades del municipio. El propietario del inmueble lo es también de otro que ya lleva mucho tiempo abandonado y que se encuentra frente al Centro de Salud Cerro del Aire. Según nos ha manifestado el Ayuntamiento, se le ha notificado en diferentes ocasiones las imperfecciones de sus propiedades. Sin embargo, el dueño ha cambiado de domicilio varias veces, por lo que es muy difícil llegar a él. En el caso de la calle Neptuno “ya se le ha comunicado, para que subsane las deficiencias o proceda al derribo. Al estar ocupado ilegalmente, estamos esperando respuesta a un escrito que hemos dirigido al juzgado para que éste proceda al desalojo de los ciudadanos, ya que están ocupando un edificio con precinto”. ¿Cuándo? Aún es una incógnita, al igual que el futuro de las familias que ahora han acomodado sus vidas en la calle Neptuno.