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FECHA DE PUBLICACIÓN: Septiembre de 2009

Tomás Descalzo, majariego de toda la vida. Por Elena Rey

Probablemente por su nombre pocas personas sepan quién fue Tomás Descalzo Aparicio, pero su imagen se ha convertido en un símbolo de nuestra ciudad: él es el modelo de dos de las estatuas más representativas de Majadahonda, la de la Gran Vía y la de la rotonda del Centro Oeste, y fue el propio Tomás quien las encargó y las donó gratuitamente al ayuntamiento. Pero su labor por el pueblo que lo vio nacer fue mucho más extensa, ¿quieren conocerla?

 

Tomás Descalzo nació en Majadahonda en 1923, cuando las calles aún no estaban asfaltadas y el municipio no era más que un pequeño pueblo de pastores y labriegos. Aquí vivó siempre, hasta que falleció el pasado mes de marzo, y fue testigo de las transformaciones tan grandes que fueron convirtiendo su pequeño pueblo en una de las ciudades con mayor renta per cápita del país.

 

Participó en la reconstrucción del pueblo después de la Guerra Civil, cuando en Majadahonda no quedaban más que ruinas y casas destrozadas; y más adelante entró a trabajar en zona residencial La Florida, donde llegó a ser administrador. Compaginó su trabajo con el de Concejal de Tráfico del Ayuntamiento de Majadahonda y, entre otras cosas, diseñó el escudo de nuestra ciudad.

 

Sus familiares y amigos lo describen como un “majariego intachable, siempre preocupado por conservar y transmitir a las nuevas generaciones la historia y las tradiciones locales, con el objetivo de que no se pierdan en el olvido”. Una de las actuaciones que más se recuerdan de Tomás Descalzo, y que se unen a las ya citadas anteriormente, es la fundación de la sociedad de baile ‘La flor del día’. Quizás sólo los más mayores recuerdan, seguro que con alegría, este club de baile instalado en lo que hoy es el Centro de Mayores pero, tal y como cuenta Tomás en su libro ‘Historias de Majadahonda’, “allí nos reuníamos todos los vecinos para bailar, comentar los acontecimientos de la semana o celebrar bodas, todo ello amenizado por un organillo y vigilado por el bastonero”.

 

Amante de la naturaleza


Pero, además de participar activamente en la vida social de Majadahonda, su gran pasión siempre fue la naturaleza. Durante toda su vida acompañó a familiares y amigos a pastorear el ganado por las dehesas cercanas al núcleo urbano y ya en los últimos años de su vida llevó a cabo una inconmensurable labor de recuperación de las cañadas de 13 ciudades españolas, editando una colección de DVDs, titulada ‘Las Cañadas Reales’, que le llevaron de trashumancia por más de 60 municipios de la meseta española.

Tanto este trabajo como al edición de los libros ‘Memorias de un majariego’ e ‘Historias de Majadahonda’ las realizó por propia iniciativa, financiándolos él mismo y donando posteriormente varios ejemplares de cada a la biblioteca pública municipal. Porque a Tomás Descalzo esta labor no le parecía una pérdida de dinero, sino una inversión para que los majariegos del presente y del futuro no olviden las raíces de su ciudad, la historia de Majadahonda.

 


El escudo de Majadahonda


Diseñado por Tomás Descalzo en su etapa de concejal, la corona real indica que Majadahonda fue de realengo, el cuartel de la izquierda representa una oveja, un redil y la sierra de Guadarrama al fondo, como recuerdo del origen ganadero del pueblo; el racimo del cuartel de la derecha representa las viñas majariegas; y el cuartel de abajo el Castillo de Almenara, mal llamado de Villafranca.