banner

"A mongolia vamos todos"(3ª parte).

Diario de viaje. Por Roberto Araoz

En esta tercera y última entrega de nuestro diario de viaje, relataremos las historias que tuvieron lugar entre Irán y la línea de llegada en Ulan Bator, Mongolia. En estas etapas vivimos las aventuras más alocadas y sorprendentes y conocimos lugares apenas tocados por la mano del hombre. Irán, Turkmenistán, Uzbekistáan, Kazakhstán, Rusia y Mongolia, dieron forma a esta última etapa y marcaron a fuego esta historia en nuestros corazones. El diario completo en www.elequipoamongolia.com.

 

 

 

Pasado Turquía, entramos a Irán, donde descubrimos a un pueblo hospitalario, solidario y enormemente generoso que nos acogió con toda la calidez de su verano. La gente nos paraba por las calles para invitarnos a sus casas, se interesaban por nosotros y por nuestro viaje de una forma desconocida para nosotros.
Respirábamos aliviados pensando que habíamos dejado atrás la locura al volante de los turcos, pero estábamos muy equivocados. Lo más peligroso de toda la travesía no fue el ataque de unos kazakhos borrachos ni el implacable desierto del Gobi, sino la conducción y las carreteras iraníes (ver Oda a la conducción iraní en nuestra página Web) Después de sobrevivir a Irán cruzamos a Turkmenistán, un país inquietante. Su capital, Ashgabat, fue una de las sorpresas más… inesperadas del trayecto: cuando esperábamos una ciudad más perdida en medio de un desierto, nos encontramos con una urbe futurista, plagada de edificios de mármol blanco con una estética indiscutiblemente comunista y marcada por la superpoblación de estatuas y edificios dedicados a Saparmurat Niyazov, ex presidente de Turkmenistán, un personaje excéntrico y ególatra hasta límites insospechados.

 

En Turkmenistán no podíamos sacar fotos, ni fumar en la calle, ni incluso llevar el coche sucio (la policía te detiene, te multa y te obliga a lavarlo), por una manía obsesiva con la limpieza de Niyazov. Fuera de Asghabat, en mitad del desierto, visitamos uno de los lugares más impresionantes del mundo: El Darvaza Cráter. Hace más de 30 años los rusos estaban perforando en busca de gas natural en la región de Darvaza y, por un error, la tierra cedió y se formó un cráter mayúsculo que se incendió. Intentaron apagarlo, pero fue inútil. Así, este tremendo cráter lleva encendido más de 30 años, permanentemente, y ofrece uno de los paisajes más abrumadores y sobrecogedores que uno pueda imaginar. Además, nosotros queríamos visitarlo de noche, así que para llegar, tuvimos que caminar más de dos horas por un desierto plagado de serpientes con una única forma de orientación: la luz lejana que desprendía el cráter. No sin razón este sitio es conocido por los locales como “Las puertas del infierno”.


A partir de ahí tomamos rumbo a Uzbekistán, un país maravilloso. Conocimos el Mar de Aral (seco también por la mala gestión rusa, otra larga historia) y las ciudades de Bukhara, Samarcanda y Tashkent, todas ellas con su encanto particular. Nuestro siguiente destino fue Kazakhstán, donde tuvimos quizás uno de los episodios más violentos del viaje cuando, una mañana, nos despertamos con los gritos de dos atracadores borrachos que querían robarnos. Fue un momento de mucha tensión y en el que llegamos a pasar un poco de miedo, pero finalmente manejamos la situación.

 

Lo cierto es que ya llevábamos tanto tiempo en la carretera y nos habían pasado tantas cosas que prácticamente habíamos perdido un poco el miedo a casi todo. Más tarde nos dimos cuenta de que había sido bastante más peligroso de lo que en ese momento pintaba.
De Kazakhstan pasamos a Rusia, donde estuvimos poco tiempo y, finalmente, llegamos a Mongolia.
Mongolia se merece un punto y aparte. Apenas cruzamos la frontera nos encontramos con un coro de niños que nos invitaron alegres a visitar su casa. Aquella noche dormimos por primera vez en un “Gert”, las casas tradicionales mongolas. Son tiendas nómadas, al estilo de las jaimas saharauis, aunque más resistentes al frío (aquellas noches de verano nos sorprendieron con -15º) y más grandes. Son de estructura circular con un fuego central donde se cocina (con caca de yak como combustible) a la vez que funciona como calefacción. En esta estructura vive toda la familia junta y allí nos acogieron, compartiendo con nosotros su comida y su compañía. Esta fue quizás la experiencia más bonita y más enternecedora que hemos vivido. En todo momento nos ofrecieron su hospitalidad y su hogar sin pedir nada a cambio.


Ya en Mongolia, nuestros compañeros de travesía comenzaron a sufrir de manera notable las malas carreteras o directamente la inexistencia de ellas. Los problemas mecánicos comenzaron a convertirse en el pan nuestro de cada día y cada una o dos horas teníamos que parar a arreglar algo. Eventualmente, el primer coche murió. El Polo del equipo asturiano dijo aquí me quedo y, 500 km antes de la siguiente ciudad, lo dejamos. Así fue como Rodrigo y Luís se sumaron a la ambulancia. 50 kms más adelante, el Megáne de Cedric (francés) y Jean (estadounidense) sufrió una rotura del tubo de escape que solucionamos de la manera más chapucera posible, para 200 kms más tarde terminar de partirse a la vez que la caja de cambio decía basta. El Megáne también había muerto. Pero Cedric estaba empeñado en llevarlo hasta Ulan Bator, así que lo atamos a la ambulancia y continuamos camino durante 200kms más, hasta llegar al siguiente pueblo.


Durante este recorrido, tuvimos un momento rally de competición con salto a cuatro ruedas incluido, que terminó con la explosión del radiador de la Nonna. Por suerte, pudimos llegar a duras penas a Altai, última ciudad antes de Ulan Bator, donde pasamos la noche.


Al día siguiente, desmontamos el radiador y lo llevamos a un taller, donde lo sellaron y lo dejaron listo para resistir el tramo final. Sin embargo, con la ambulancia tan cargada y en esas condiciones (íbamos ocho en una ambulancia con cuatro asientos) la travesía se hacía dura, así que tuvimos que tomar una decisión: Non Stop a Ulan Bator. Fue una decisión unánime, todos queríamos llegar a toda costa, como sea, cumplir el objetivo y encontrarnos a las puertas de la capital de Mongolia. Así fue que esta última etapa, que algunos equipos la hacen en tres o cuatro días, nosotros la hicimos en 24 horas sin parar de conducir. Día y noche, la Nonna se mantuvo firme, cruzando ríos, pueblos y montañas para alcanzar, finalmente, la meta.


La llegada fue gloriosa: sirenas y música poniendo la nota al ambiente y una Finish Line que para nosotros escenificaba el paraíso. Llegamos!! No terminamos de creérnoslo, estamos en Ulan Bataar, capital de Mongolia! Han sido exactamente 30 días de travesía, una odisea indescriptible llena de momentos inolvidables y experiencias únicas e irrepetibles. Una locura transitoria que terminó por convertirse en definitiva y que se ha grabado a fuego en nuestra mente y en nuestros corazones.


A las puertas de Ulan Bator llegamos 8, empujados por cientos de personas que nos acompañaron todo el camino. Ese lema que un día elegimos porque sonaba bien, paulatinamente fue haciéndose una realidad y tomando un significado verdadero para cada uno de nosotros. A Mongolia vamos todos. Y así fue, pero de hecho, fue más importante, más sonoro y más impactante: A Mongolia llegamos todos.

 

El Equipo A Mongolia:

Luis, Borja, Álex, Chopi, Gusi, Luchi, Juli, Mamá Chopi y Papá Chopi, Menchu, Vicen, Nacho, Juan, Jose, Mamá Luis y Papá Luis, Victor, Belén, Cristina, Mamá Alex y Papá Alex, Jorge, Belén, Mamá Borja y Papá Borja, Roland, Iván, Javito, Pichurra, Chanquete, Silvia, Poncho, Cristian, Angel, Rafita y Karim (Flanagans) Pablo, Manu, David y César (Lantigua) Maria y Maxi (Cuerpo y Alma) Macarena (UFV) Lourdes y Laura (Ayuntamiento Majadahonda) Óscar, Borja y Nacho (Fundación Atlético de Madrid) Raúl y Tito (Endurance Expeditions) Mario (Fotografiarte), Todos los compañeros y compañeras de trabajo de Luis, de Mundicolor, Mercedes, Manolo, Luis, Gorda, Fran, Luci, Rubén, Javier, Cristina y Alicia (Majadahonda Te Vá), vecinos de Majadahonda, de Alcalá La Real y Santa Ana, de Madrid y un enorme etcétera. Todos forman parte de este gran Equipo A.

 

El Equipo A Mongolia.