Estimulación sensorial
para discapacitados intelectuales. Por María Vallejo
El Centro de Atención a Personas con Discapacidad Intelectual lleva funcionando cerca de un año en la localidad. Ofrece tres servicios: residencia, centro de día y centro ocupacional. Como curiosidad presenta un elemento novedoso dentro de las técnicas terapéuticas destinadas al desarrollo de estas personas. Se trata de una “sala de estimulación sensorial” que utiliza métodos importados de Holanda y Gran Bretaña. En este reportaje te desvelamos cómo funciona esta sala y el centro en su conjunto.
El pasado mes de enero tuvo lugar la inauguración oficial del Centro de Atención a Personas con Discapacidad Intelectual de Majadahonda, sin embargo tal y contó Pilar Bullido, directora del Centro, a Majadahonda Te Va, la apertura real se realizó hace un año aproximadamente. Este acto oficial llamó la atención de los medios de comunicación porque el centro cuenta con un elemento novedoso dentro de las técnicas terapéuticas para personas con discapacidad intelectual, que se ha definido como “discoteca sensorial”. Sin embargo, tanto Pilar Bullido, como Ana Belén Infiesta, psicóloga del centro, nunca lo han visto así sino como lo que realmente es, una “sala de estimulación sensorial” que constituye una herramienta de trabajo más y forma parte de la programación del centro, y que, por lo tanto, no se emplea de forma aleatoria. La Comunidad de Madrid fue la primera región en incorporar estas terapias que ya se encuentran en diferentes centros para discapacitados de la región e incluso en otras comunidades como es el caso de Barcelona.
Pero al margen de estas matizaciones lo cierto es que el Centro de Majadahonda posee esta innovadora técnica que vamos a dar a conocer en profundidad a lo largo de estas líneas, aunque antes hemos creído pertinente presentar cuál es el funcionamiento de este edificio, ya que conociendo su estructura en conjunto es cómo mejor se puede entender el concepto de esta sala y la encomiable labor que desarrollan sus profesionales.
Organización y actividades
La infraestructura ocupa una parcela de 10.000 metros cuadrados en la Avenida de Guadarrama. En su construcción se han invertido fondos municipales (2,53 millones de euros), mientras que para la sala multisensorial y el mobiliario, el Gobierno regional ha aportado 800.000 euros y la gestión corre a cargo de la Consejería de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid con un presupuesto global de 1,3 millones de euros al año.
El edificio está compuesto por tres servicios: residencia para personas con discapacidad intelectual con más de 45 años no gravemente afectados y en proceso de envejecimiento prematuro (con capacidad para 28 personas), un centro de día para personas gravemente afectadas (40 plazas) y un centro de formación ocupacional para 60 pacientes con discapacidad intelectual no gravemente afectados, cuyo fin es conformarles un futuro laboral.
En la residencia, además de desarrollar las labores propias de este tipo de servicios, los usuarios siguen una programación que según palabras de la directora es flexible, abierta y dinámica. “Se realizan muchas actividades, salidas al exterior, actividades culturales, deportivas, de ocio y talleres de desarrollo personal, cognitivo y social”, asegura Bullido. Los talleres de la mañana suelen ser más activos, y los de la tarde, están encaminados principalmente a la relajación. Reciben clases de manualidades y apoyo pedagógico donde se tratan diferentes áreas como el lenguaje y la comunicación. También reciben rehabilitación física para lo que emplean diferentes recursos como el gimnasio del centro o el Polideportivo Municipal Príncipe Felipe.
Para participar en los talleres se crean varios grupos homogéneos con el objeto de que el aprendizaje sea más preciso. Por ejemplo, “en el taller de bisutería hay grupos que se dedican a realizar esta actividad tal y como es, mientras que otros están integrados por usuarios cuya capacidad es más limitada de modo que sin trabajar el material de bisutería propiamente dicho, potencian las mismas habilidades que se requieren en este tipo de tareas pero con instrumentos adaptados”, matiza Infiesta.
En líneas generales, según la psicóloga, lo más destacable es que “cada usuario del centro tiene su propio programa individual de trabajo, con unos objetivos propios que se desarrollan dentro de cada taller, pero lo esencial es atender la individualidad de cada uno porque son muy diferentes, no hay ninguno igual”.
En el centro de día, la programación es similar al área de residencia, sólo que en este caso al ser pacientes gravemente afectados todos necesitan apoyo. Con ellos se abordan temas de salud visual, educación vial o reconocimiento gestual de las emociones, entre otras cosas.
El centro ocupacional está integrado por chicos muy jóvenes que apenas acaban de salir de su formación escolar. El 90 por ciento de los chavales comprende edades entre los 18 y 27 años, y hay dos o tres usuarios de 40 años. Este servicio es un paso previo a la inserción laboral y está compuesto por tres talleres: hostelería, jardinería y artesanía. “A lo largo de la maña –dice la experta en psicología- pasan por esos tres talleres y cuentan con un educador que les aporta apoyo pedagógico en temas relacionados con el lenguaje, manejo del dinero, matemáticas… No se les pretende formar para desempeñar un trabajo específico, sino que se les educa de una forma global, fomentando las habilidades sociales que necesitan para poder desempeñar un trabajo el día de mañana”.
“Snoezelen”
Como especificamos al comienzo de este reportaje el elemento que ha suscitado más interés en este complejo urbanístico es su “sala de estimulación sensorial”. Su nombre técnico es “snoezelen”, término holandés que está formado por dos palabras “impregnarse” y “soñar”. Estas salas vienen importadas de Holanda y Gran Bretaña, y hay varios modelos, salas blancas, negras, de agua… La más común es la sala blanca que es la que se encuentra en las instalaciones de Majadahonda. Se denomina así porque todo su mobiliario es blanco. Se ha escogido este fondo porque lo que se pretende es estimular los sentidos en un entorno neutro donde la luz y el color resalten más.
A la sala no se acude de forma individual, salvo algún caso concreto, y generalmente se forman grupos de dos o tres personas. Cada profesional se encarga de un grupo específico para que haya una continuidad y un mismo criterio de apreciación. La psicóloga especifica: “Se estudia muy bien quiénes pueden ir juntos, para que pueda haber actividades complementarias y se valora si esta asociación funciona. De igual modo, las actividades que se realizan dentro de la sala se ajustan a un programa específico. Yo como psicóloga llevo a un grupo con alteraciones de conducta y me centro más en las interacciones, mientras que el fisioterapeuta se encarga de otro tipo de chicos con problemas físicos y sus actividades de enfocan a mejorar estas limitaciones”.
La sala está compuesta por elementos pasivos y activos. Entre los elementos pasivos encontramos la cama de agua, en donde el usuario no hace nada, simplemente recibe la estimulación, no manipula el elemento. Entre los activos se encuentran juegos de luces que el paciente deberá ir cambiando en función a las órdenes dadas o elementos de fibra óptica que estimulan el tacto y cambian de color, potenciando la agudeza visual.
“La sala les gusta a todos y cada uno tiene sus elementos preferidos, por ejemplo hay un chico ciego en el centro de día a quien la cama de agua le genera mucha inestabilidad, por lo que hemos tenido que trabajar el acercamiento a este elemento, sin embargo a las personas con parálisis cerebral o en silla de ruedas la cama de agua les relaja mucho porque les proporciona un masaje corporal”.
Sólo se puede trabajar con tres elementos (la música es un elemento siempre presente) a la vez, porque si se emplean más se corre el riesgo de crear una sobreestimulación que resulta tan negativa como la no estimulación.
La sala trabaja principalmente tres aspectos: la estimulación (visual, táctil…), el elemento cognitivo (memoria visual) y el emocional. “En general, es muy creativa y permite desarrollar aspectos que en otros entornos no es posible, ya que aísla mucho, evitando distracciones que suele haber en las aulas comunes de trabajo, haciendo que la relación sea más íntima y predisponiendo de este modo a trabajar de una forma más efectiva. Además, incita a la relajación Hay un grupo concreto de dos pacientes que se creó porque entre ellos había problemas de convivencia. Tras recibir varias sesiones en la sala su relación ha mejorado muchísimo y han aprendido a convivir”.
La psicóloga asegura que la “snoezelen” contribuyó a mejorar esta relación pero no fue el único motivo, la labor de sus monitores también influyó. “Porque -añade - yo no creo que este tipo de salas sean la panacea, son un elemento más, importantísimo en el desarrollo de este tipo de personas. La sala constituye, sobre todo, una técnica novedosa con muchas posibilidades, pero que forma parte del engranaje del centro”.


