FECHA DE PUBLICACIÓN: julio de 2009
Sexualidad y adolescencia
Por Asunta de Hormaechea. Psicóloga-Psicoterapeuta.

Al hilo de la polémica generada por la propuesta del Gobierno de rebajar a 16 años la edad en que una mujer puede decidir libremente si quiere abortar, aún sin el consentimiento de los padres, aprovechamos hoy para repasar algunos datos acerca de la educación sexual y la sexualidad entre nuestros jóvenes.
Empezaremos por decir que entendemos por adolescencia esos años que transcurren entre la infancia y la edad adulta. Ese periodo en el que ya no se es niño pero aún no se es adulto con capacidad de hacerse cargo de la propia viva. Podemos situarla entre los 13 y los 19 años aproximadamente. En estas edades ya se tiene capacidad de entender muchos aspectos de la vida pero aún no de afrontarlos solos.
Adolescencia proviene de adolecer que, entre otras cosas, significa carecer y necesitar, es decir, la adolescencia es una etapa de la vida marcada por muchas carencias y necesidades, fundamentalmente de apoyo, guía, formación e información.
El apoyo, la guía y la formación deben venir fundamentalmente de la familia, la información llegará por diversos medios, especialmente por la escolarización pero también llega a través de los medios de comunicación. Por esta vía les llegan ingentes cantidades de información diversa y dispersa, de distintos enfoques, fragmentaria, tendenciosa, etc. Ante la que no tienen aún recursos críticos propios ni modo de ordenarla y jerarquizarla.
En cuanto a la sexualidad es la edad del despertar. La capacidad reproductiva aparece en torno a los 13 años pero obviamente esta es una edad en la que aún no son capaces de hacerse responsables de las posibles consecuencias de sus actos, es decir, de asumir un hijo y sacarlo adelante cuando aún ni siquiera son capaces de hacerse cargo de su propia vida. Pero la capacidad reproductiva y el impulso sexual están ahí y juegan un papel importantísimo en la vida de los adolescentes.
En nuestra sociedad los jóvenes reciben infinidad de mensajes e informaciones sobre la sexualidad a través de los medios de comunicación. No tenemos más que encender la tv ver cualquier capítulo de las series de moda, especialmente de los dirigidos a adolescentes. La sexualidad, las relaciones sexuales están presentes de forma exagerada en todas ellas. Se les muestra repetidamente que la sexualidad es normal y deseable desde edades muy tempranas, convirtiéndose en una invitación para su inicio. Muchos jóvenes terminan sintiéndose empujados en esa dirección que les convertirá en mayores aún cuando ellos no sientan la necesidad de manera personal. Lo que si sienten es la necesidad de “ser mayores”, no aparecer como pequeños ñoños o fuera de lugar. El “yo también” juega un importantísimo papel.
Por otro lado se está dando una mitificación de la sexualidad y el orgasmo, un paso obligado es tener un buen orgasmo, y van en busca de él sin saber en realidad lo que están buscando y pasando por alto el hecho de en qué consiste la relación entre dos personas con toda su complejidad afectiva y, por supuesto, sin ninguna conciencia de las posibles consecuencias: contagios, embarazos, abortos, etc.
Los embarazos en adolescentes no son nuevos. Las tasas de embarazos en adolescentes no difieren mucho en los países desarrollados. Si bien la aparición de los anticonceptivos supuso un claro descenso, en los últimos años, en España, ha habido un repunte situándose la tasa en 9 embarazos por 1000 adolescentes. Muchos países de nuestro entorno, Inglaterra, Francia, Alemania tienen una tasa aún más elevada que la nuestra. El número de embarazos en adolescentes en España se sitúa en torno a los 20.000 anuales, la mayoría de los cuales termina en aborto.
Algunos estudios sobre la sexualidad en la adolescencia nos dan unos datos que nos invitan a reflexionar.
El 25% de los adolescentes reconocen haber mantenido relaciones completas, (no sabemos cuantos no se atreven a reconocerlo). De los que lo reconocen entre los 15 y los 17 años sólo el 13% afirma utilizar anticonceptivos. Es decir, el 87% no los usa. Según un estudio de la U.A.M. de entre los menores de 19 años el 38,6 de los varones y el 40% de las mujeres dice no usar anticonceptivos. De los que usan anticonceptivos el 60% afirma usar preservativo pero en muchas ocasiones lo usan parcial o incorrectamente.
Un informe del C.S.I.C. desvela que sólo el 20% de los varones y el 27% de las mujeres afirman haber recibido información de sus educadores, un 16% de varones y un 12% de mujeres dicen no haber recibido ninguna información y la mayoría afirma haber recibido la información a través de los medios de comunicación que, como ya dijimos antes, les llega en forma fragmentaria, dispersa y desorganizada.
Todo esto nos muestra que los adolescentes reciben mucha información a través de tv, anuncios etc . y muy poca guía a cerca de la importancia real de la sexualidad y de las consecuencias que de ella se puedan derivar. La sexualidad se les presenta como una posibilidad de más placer que no deben perderse, despojada del papel trascendental que jugará en su vida afectiva y de comunicación en la vida de pareja y sin ninguna reflexión profunda a cerca de las consecuencias de vida y muerte que la sexualidad trae aparejada.
Actualmente en los programas escolares se contempla que reciban toda la información necesaria en cuanto a lo fisiológico se refiere pero lo reciben en una forma aséptica, científica, quedando reservada a la familia la orientación ética o moral que quieren dar a sus hijos. Esta información parece no ser suficiente para unos jóvenes que tienden a no aplicar para sí mismos lo que aprenden en las clases. A la hora de la verdad tienden a pensar que a ellos no les ocurrirá, que en la primera relación nunca se produce un embarazo o no se atreven a decir “no”.
Las familias parecen no tener todos los recursos necesarios para abordar abierta y profundamente el tema con los hijos, los hijos no se atreven a preguntar y tienden a apoyarse en los amigos que están igualmente desorientados, piensan que los padres no les van a comprender o no van a aceptar sus preguntas cuando en realidad sería la comunicación en la familia el medio más efectivo de formación, guía y apoyo. La consecuencia de todo esto es que en España tenemos unos 20.000 embarazos no deseados al año de madres adolescentes.
Tenemos que tener en cuenta que si un embarazo no deseado es de gran impacto psicológico para cualquier mujer lo es muchísimo más para una adolescente. Se enfrentan a una situación que no pueden manejar solas tanto si siguen adelante o si deciden interrumpirlo, una situación para la que no tienen ni información ni recursos. El padre tiende a desentenderse así que se ven completamente solas ante la situación.
Lo primero que enfrentan es como comunicárselo a la familia y el temor de cómo esta va a reaccionar. Muchas optan por ocultarlo con todas las consecuencias negativas que esto acarrea. Las que lo comunican tienen que afrontar diversas reacciones, muchas veces viéndose presionadas para tomar una u otra decisión en contra de su voluntad.
Si deciden continuar adelante con el embarazo toda su vida cambiará, no están en condiciones de hacerse cargo de un hijo por su propia cuenta así que toda la familia sufrirá una profunda transformación, ellas perderán su mundo social de referencia, amigos, actividades etc. Su vida escolar se verá fuertemente afectada mermando sus posibilidades futuras de desarrollo social y profesional afectando también a las posibilidades que tendrá su propio hijo.
Si deciden abortar también sufrirán un fuerte impacto psicológico, pasarán por un periodo de culpa, sentimientos de confusión, vacío y tristeza en el que necesitarán atención y apoyo.
Parece obvio que es la interesada misma la que deberá decidir que opción va a tomar puesto que es su vida y su futuro lo que está puesto en juego. El lugar adecuado para vivir todo esto es sin duda en la familia pero obviamente no todas las familias tienen recursos para afrontar esta situación, por tanto, en muchas ocasiones la adolescente y la familia toda van a necesitar apoyo externo para hacer frente a la situación.
No he tenido ocasión de leer el Proyecto de Ley que el Gobierno presenta, por tanto no tengo toda la información en la mano, y me pregunto si también contempla los casos en los que es la familia la que empuja a la adolescente a abortar para no tener que afrontar una situación delicada de por vida; si contempla la situación aquellas adolescentes que pudiendo tener apoyo en la familia no se atreven a contarlo y van a afrontar un aborto sin sentirse arropadas por los suyos con la ruptura de la comunicación para el futuro que la situación supone. Me pregunto si contempla crear organismos o equipos que atiendan a adolescentes y familias, que apoyen y ayuden a aquellas adolescentes que en contra del deseo de la familia opta por seguir adelante con su embarazo, si se proponen crear equipos de mediación que faciliten la comunicación entre la adolescente y su familia. Me pregunto si está previsto cómo informar a los adolescentes de a cuantos servicios sociales o médicos pueden acudir en busca de ayuda para poder llevar a cabo su opción, sea cual sea.
Entendemos que la adolescente debe poder abortar aun sin el consentimiento de la familia pero sería necesario contemplar que sí hubiese conocimiento por parte de la familia. En caso de que la familia se opusiera sería necesario un servicio de mediación familiar.
Está bien que se defiendan algunos derechos pero estamos percibiendo muchísimas carencias en la información, formación y acompañamiento en todo lo que a sexualidad en la adolescencia se refiere. Todavía hay mucho por hacer.



