FECHA DE PUBLICACIÓN: febrero de 2009
¿Ser o Tener?
Por Asunta de Hormaechea. Psicóloga-Psicoterapeuta.

Tras estas fechas recientes en las que el
consumo, la mayoría de las veces innecesario,
se multiplica, es un buen momento para
reflexionar sobre nosotros, sobre las premisas
en que basamos nuestras vidas, sobre nuestra sociedad y sus consecuencias. El reconocido
psicoanalista y pensador Erich Fromm, hablaba de dos formas de estar en el mundo, una
basada en "ser" y otra basada en "tener". Cada una de ellas tiene implicaciones muy profundas en nuestras vidas, desde cómo nos consideramos a nosotros mismos hasta cuáles son los valores que rigen nuestras vidas, trabajos y relaciones.
Si tenemos nuestra vida basada en "ser", entonces somos nosotros, somos lo que vivimos, lo que experimentamos, lo que sentimos, lo que hacemos. Si nuestra forma de estar en el mundo está basada en "tener", somos lo que tenemos y lo que consumimos. Ya no tenemos una identidad definida, un “yo soy” basado en lo que intrínsecamente somos, sino en lo que podemos mostrar a los demás que tenemos. Esta es la forma en la que está basada nuestra actual sociedad de consumo, el ser individual ha perdido importancia, ya no nos miramos unos a otros por nuestros atributos personales sino por lo que tenemos, por lo que hemos llegado a acumular.
Esta forma nos lleva a comprar compulsivamente. Puesto que mucho de lo que tenemos es efímero, sólo nos da la sensación de ser mientras dura o está de moda, si se acaba rápidamente tenemos que pasar a otra adquisición para seguir en el espejismo de que valemos algo. Este consumo indiscriminado lo hemos trasladado también al amor y, sobre todo, a la sexualidad. Hemos dejado de entender el amor como un proceso vivo para pasar a considerar el amor como un objeto de consumo y, este hecho, se ha trasladado de una manera patente y patética a la sexualidad. La sexualidad ha dejado de ser una vivencia profunda y ligada a la afectividad para ser un objeto de obligado consumo. No tenemos más que encender el televisor para ver cómo de manera permanente se nos bombardea con el consumo de sexo, desde las series de temática policial a las comedias de enredos, desde las series para adolescentes a las películas pornográficas nocturnas, sin olvidarnos de los programas dedicados a la información (¿?) sobre sexualidad. Y por supuesto, Internet, que aun sin buscarlo te bombardea con todo tipo de información.
Nuestros jóvenes y adolescentes reciben un bombardeo tal que terminan convencidos de que la sexualidad es lo que han aprendido en las películas pornográficas, que lo normal, bueno y deseable es “tener” muchas relaciones sexuales sean cuales sean, y cuando tratan de establecer relaciones afectivas, que sí están ancladas en las necesidades y capacidades profundas del ser humano, están en un estado de confusión tal que sólo pueden fracasar una vez tras otra. Pero ya hablaremos sobre este tema próximamente.
Estar en el mundo basándonos en el “tener” nos lleva a los humanos a tratarnos a nosotros mismos como una mercancía y a creer que nuestro valor es un valor de cambio. El éxito depende de que uno mismo se venda bien en el mercado, no de que lo que tenga que aportar a los otros sea en realidad de valor para los humanos. Esta forma de entendernos a nosotros mismos y de entender las relaciones nos lleva a desechar el sentimiento y apoyarnos más en los valores de utilidad y mercado. Prevalece el pensamiento sobre el sentimiento y ya no hay un verdadero afecto ni por uno mismo ni por los demás. Esta actitud de usar y tirar, con mucha frecuencia incluye a amigos o parejas, ya que no se establece ningún vínculo profundo con ellos. Cuanto más consumimos y derrochamos, cuanto más creemos tener, más se empobrece nuestro mundo interior. Para muchos, la meta hoy en día es “el placer” máximo e inmediato y no el bienestar y la alegría. Esta actitud consumista nos mantiene en un permanente estado de inmadurez. Como niños pequeños reclamando nuestro biberón. No somos capaces de posponer la satisfacción inmediata de nuestros deseos y así estamos acabando con los recursos del planeta sin tener en cuenta qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos y nietos.
Fromm afirma que sólo un cambio del modo de “tener” al modo de “ser” nos podrá salvar de una catástrofe psicológica y económica. Y esto él ya lo decía hace más de treinta años. Como hemos seguido actuando en la misma dirección, acentuando aún más el consumo, la catástrofe económica ya la tenemos encima, nuestro mundo se tambalea, ya nos hemos asomado a una crisis económica de extensión planetaria. Aún tenemos la posibilidad de responsabilizarnos de nuestra situación personal para evitar la catástrofe psicológica. Para ello Fromm propone cuatro pasos fundamentales:
1.- Darnos cuenta de que sufrimos
2.- Reconocer el origen de nuestro malestar
3.- Comprender que existe una manera de aliviar nuestro malestar
4.- Reconocer que para aliviar nuestro malestar necesitamos seguir ciertas normas de vida y cambiar nuestra conducta actual.
Hace también algunas propuestas sobre qué atributos necesitamos desarrollar los hombres para un mayor desarrollo de nosotros mismos y de la sociedad en la que vivimos. Voy a mencionar aquí sólo algunos con la esperanza de que sirvan de reflexión para nuestros lectores:
-Necesitamos renunciar a la forma de “tener” para poder “ser” plenamente.
-Necesitamos desarrollar un sentimiento de identidad y confianza basado en la fe en lo que uno es, en la necesidad de relacionarse, interesarse, amar, solidarizarse con el mundo que nos rodea, en lugar de basarlo en el deseo de tener, poseer, dominar al mundo, y de este modo volvernos esclavos de nuestras posesiones.
-Aceptar el hecho de que nada ni nadie exterior al individuo le da significado a su vida.
-Estar plenamente presente donde uno se encuentra.
-Sentir la alegría que causa dar y compartir, y no acumular y explotar.
-Desarrollar la capacidad de amar y el pensamiento crítico, no sentimental.
Y algunos puntos más que no añado aquí para no hacer la lista interminable.



