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Fomentar la autoestima en los niños. Por Pelancha Gómez

Cuando en la escuela infantil insistimos tanto en los hábitos de autonomía no es para facilitar el trabajo de las educadoras sino que ser autónomo es ser uno mismo diferenciado de los demás, con un conocimiento de nosotros mismos, de lo que deseamos y sentimos y este conocimiento nos da la capacidad de no depender de los demás para sentirnos bien, para aceptarnos tal y como somos y  tener la seguridad que podremos ser capaces de salir adelante en la vida con nuestras posibilidades.

 

Si nosotros alentamos al niño a hacer las cosas por sí mismo cuando están capacitados para ello (maduración), estamos creando las bases de seguridad y confianza para tener una actitud confiada y alegre en la vida. El depender de los demás no da la felicidad y necesitar siempre la ayuda para vencer ciertas dificultades genera una gran insatisfacción.

 

Hay que inculcarles una buena imagen personal, aceptándose tal y como son y sintiéndose orgullosos de sus cualidades, carácter y aspecto físico. El autoconcepto  y autoestima es prioritario para formar la personalidad del niño y para conseguir la adaptación al medio, para ser feliz y para alcanzar un funcionamiento eficaz en la vida.

 

Esto no quiere decir aplaudir toda acción suya, sea correcta o no, que muchos padres realizan para no frustrarlo. Con esta actitud proteccionista consiguen que el niño nunca pueda discernir entre una acción correcta y otra incorrecta, o cuándo debe mejorar  y cuándo la ejecuta excelentemente. El tener una alta autoestima ayuda al adolescente a decir “NO” a lo que le ofrecen pues se siente capaz de enfrentarse al grupo y defender sus opiniones sin depender de lo que piensen de él. 

 

A la hora de elegir una profesión tienen que dirigir sus estudios  hacia lo mas afín a sus capacidades y aptitudes y, si no tienen un conocimiento de su mundo interior, habilidades, potencialidades, difícilmente podrán elegir el camino acertado. Cuando estamos siempre resolviendo las pequeñas dificultades que se le presentan, sin dar tiempo a que sea él el que intente hacerlo por sÍ mismo, vamos alimentando la dependencia y la necesidad de aprobación por parte de los padres y hacemos niños que no tienen criterio propio, que no saben resolver dificultades, que no tienen confianza en sus posibilidades, que necesitan de la presencia y apoyo constante de los demás para sentirse bien. Al final conseguimos que” lo que los demás piensen de mí, sea más importante que la opinión que tengo de mí mismo”. Es cuando el deseo de aprobación de los demás se convierte en una necesidad por encima de mi propia imagen personal.  

 

Esto no quiere decir abandonarlos a su suerte, sino acompañarlos y estar disponibles siempre que nos necesiten, pero esperar a que sea él quien vaya resolviendo las dificultades que se le presentan y acudir cuando encuentran un obstáculo a su paso.

Desde los primeros años de vida, el niño va construyendo el concepto de sí mismo a partir de sus propias experiencias y de las valoraciones que recibe de los que conviven con él y de la actitud que tienen frente a su comportamiento. Nunca se deben poner etiquetas, nunca se debe desvalorizar, comparar, ridiculizar, hacer juicios sobre su persona, sí se le debe corregir un comportamiento inadecuado pues él está aprendiendo a comportarse y hay que indicarle lo que es correcto e incorrecto en su hacer.

 

Es importante que el niño se guste, se sienta importante y querido y que aprenda de los errores pues nos enseñan a saber cómo somos y a aceptar nuestras limitaciones, a soportar la frustración sin que sea menoscabo de su propia valoración.

Hay que inculcarles una positiva imagen personal, una autonomía que le permita adquirir recursos para vivir la vida sin tener que depender de los adultos, un pensamiento y una reflexión que le proporcionen ideas propias que sepa defender, un saber decir  NO ante situaciones que no desea, una seguridad y confianza en sus posibilidades y todo esto se hace desde los primeros años de su vida. Si queréis hacerlo cuando el niño tenga siete años y ya esté formada su personalidad, va a ser imposible o, cuanto menos, muy difícil de lograrlo.