
Dentro de este grupo las hay que intervienen continuamente en los conflictos que se originan entre los niños por la posesión de los juguetes. Déjalos que sean ellos los que lo resuelvan, siempre observando el desarrollo de los acontecimientos para que no vayan a más, pero dejando que entre ellos lleguen a un acuerdo. Si siempre estás al quite de cualquier desacuerdo, el niño nunca adquirirá los recursos para defenderse y relacionarse con los demás.
Hay otras que lo que más les preocupa es que el niño no se manche, no se moje y no se estropee la ropa con algún enganchón, miras al niño y suele ir vestido con sus mejores galas ¡Pobrecito, que guapo va pero que incómodo!
Otras que acuden al parque como pura obligación sin disfrutar para nada de la salida. Unas miran al infinito con cara de aburrimiento , mirando a cada rato el reloj. Por supuesto que nunca miran a su hijo cuando éste la llama para mostrarle alguna proeza que por fin ha conseguido hacer. Y, si esta proeza es desafortunada y termina en accidente ¡Para que queremos más! Le dan un azote y a casa que... ¡ya está bien de parque!. Dentro de este grupo, las hay que nunca han jugado con su hijo y lo único que se les ocurre es decir !Vete a jugar!¿Para esto te traigo al parque? Y es que al niño nunca le han ayudado a subirse al tobogán y las primeras veces da un poco de miedo, ni le han enseñado a columpiarse, ni a descubrir todas las posibilidades que le brindan los juegos que hay.
Las hay que llevan un libro o el periódico y se sienten fastidiadas cada vez que tienen que acudir al ruego del niño o las que se ponen a hablar con otras madres y es justo cuando al niño se le ocurre hacer todas las diabluras juntas ¡No me deja ni hablar un rato! Muchas lo remedian teniendo al niño sentadito en la silla a su lado y , como mucho, dándole un juguete en las manos para que se entretenga. Es el momento de preguntarse ¿Cuánto tiempo le dedicas a tu hijo? ¿No le habías prometido ir a jugar al parque?
¿Has probado alguna vez lo divertido que es columpiarse o ir haciendo equilibrio por los bordillos o jugar a la pelota o montar en bicicleta con él?
Hay otras dispuestas a enseñar las primeras veces a su hijo las posibilidades que le brindan los juegos, compartiéndolos y disfrutándolos con él y después, dejándolo solo para que sea el niño el que siga probando y logrando sus éxitos él mismo, relacionándose con los demás niños que hay en el parque y acudiendo solo cuando el niño lo requiera. Este niño irá adquiriendo una mayor coordinación motora así como un afianzamiento de su personalidad tanto a nivel físico como psíquico y social.
Hay que reconocer que se ven muchos más padres que madres jugando y ayudando a los niños en la adquisición de habilidades motoras. Yo pienso que es porque hay una tradición de que el padre se debe ocupar de este desarrollo físico y la madre de otras parcelas como es la educación y la salud. El padre se siente muy orgulloso de las proezas que va consiguiendo su hijo y, si demás practica algún deporte que a él le gusta, es un compañero admirador con el que siempre cuenta.
Tenemos que olvidarnos de la seriedad que conlleva la responsabilidad paterna y rescatar al niño que todos llevamos dentro, disfrutando de las sugerencias que nos ofrecen nuestros hijos y jugando con él. Nunca pensarás mal al ver a un padre o madre feliz, jugando con su hijo sin importarle las miradas de los demás. No hay nada más gratificante y emotivo que ver estas escenas entre padres e hijos.
Si quieres ver a tu hijo feliz, ponte ropa cómoda, zapatillas de deporte, y sal al campo o al parque dejándote llevar por tu hijo ¡Ya veréis lo bien que lo pasáis los dos!



