FECHA DE PUBLICACION: Febrero 2010
Sinergia Arte & Moda
Desde Siempre una apuesta segura. Por Teresa Canals.

Hay vestidos en museos, museos íntegramente dedicados a la moda y la historia de la vestimenta, artistas contemporáneos cuya obra basa su temática en la moda, colecciones inspiradas en artistas, artistas que colaboran con marcas, diseñadores que son considerados genios conceptuales, vestidos vintage que se subastan en Sotheby’s...Los más puristas argumentarán que “lo cotidiano” o “lo funcional” no puede gozar de tal consideración, sin embargo pocos negarán que Alexander Mcqueen o John Galliano entran en la categoría de artista...¡Y por la puerta grande!
Algunos ejemplos históricos
La obra de Elsa Schiaparelli estuvo tremendamente influenciada por el surrealismo dada su amistad con artistas de la talla de Dalí, Man Ray o Cocteau. Su eterna rival, Coco Chanel, llegó a hablar de ella como “aquella artista italiana que hace ropa”. Su sombrero con forma de zapato o el vestido con una langosta pintada por Dalí han pasado a la historia. Mme Grès, Madeleine Vionnet y Marcel Rochas también quisieron plasmar el espíritu de esta corriente en sus diseños durante los años 30. La elección del surrealismo significaba una firme oposición al racionalismo nazi del momento.
Un claro ejemplo de la fusión arte-moda es el Mondrian Look, creado por Yves Saint Laurent en 1965 y gracias a él, a partir de ahí, el arte se convierte en un motivo de moda. Se trataba de recrear un cuadro del pintor en el vestido como si de un lienzo se tratara. El polifacético abanderado del Pop Art, Andy Warhol, también plasmará sus celebérrimas serigrafías en vestidos como el Banana Dress. Movimientos como el Op Art, la psicodelia y, más adelante, el diseño gráfico junto con todo lo susceptible de ser estampado, lo será.
A Issey Miyake se le considera un escultor más que un diseñador de moda. Se habla de su obra como de una “arquitectura del arte”, ya que el artista plasma conceptos globales en sus colecciones de moda y perfumes. Ha dedicado su carrera a la investigación conceptual y tecnológica deleitándonos con líneas como APOC - o A Piece of Cloth, por la cual es el propio consumidor quien finaliza el trabajo empezado por el diseñador- o Pleats Please – prendas escultóricas llevadas a cabo a base de pliegues que permiten una libertad de movimiento plena.
La fórmula mágica
El tándem marca-artista ha sido una baza recurrente durante esta última década. Gracias a esta fusión, un producto material adquiere el aura del artista y su obra. Gana ese charme que el arte desprende, un plus inalcanzable para la gran mayoría. La lista es interminable: Takeshi Murakami ofreció su colorista y naif visión del mundo a Louis Vuitton, plasmándola en la línea de accesorios Monogram Multicolore; El polémico artista británico Damien Hirst colaboró con Levi’s para crear una edición exclusiva de camisetas y jeans ; Philippe Starck lanzó su colección de underwear de la mano de Puma, y Billy the Artist bajo su lema “crea tu propia realidad” se ha encargado de crear una línea Pop-Urbana para Swatch.
Perchas en el museo
La mítica editora de moda de Harper’s Bazaar y Vogue, Diana Vreeland, fue la que introdujo la moda en los museos dedicados al arte. Fue comisaria de doce exposiciones en el Metropolitan Museum of Art, y “The World of Balenciaga” en 1973 fue una de ellas. A partir de ahí no han dejado de sucederse exposiciones de moda los grandes templos del arte como por ejemplo la de Armani en el Guggenheim en 1998 y la llamada “Tras el espejo” en el Reina Sofía en 2003, que recogía la obra de 180 marcas y diseñadores españoles.
El poder de la imagen
La fotografía de moda es un género en sí, es una herramienta mágica que trasmite el mensaje que las marcas –en sus campañas de publicidad- y las revistas –en sus editoriales- quieren lanzar y también, en muchas ocasiones, es una forma de arte.
Las grandes cabeceras de la moda hacen verdaderos esfuerzos por poder contar con los mejores fotógrafos. La genialidad y el ojo para adelantarse y crear nuevas tendencias han hecho que Steven Meisel haya publicado 317 portadas en Vogue Italia de 1988 a 2009. El talento de Annie Leivovitz para convertir a las celebrities en protagonistas de universos fantásticos le ha convertido en la fotógrafa de moda por excelencia.
Newton, Avedon, Penn, Testino, Demarchelier, LaChapelle...una lista a la que le sigue un largo etcétera. Aunque todos los grandes hayan encontrado elementos diferenciadores y, por tanto, parezcan ser absolutamente distintos entre sí, todas sus obras tienen un denominador común: la evocación de un universo imaginario en el que querríamos encontrarnos.
Del mismo modo, la ilustración de moda consigue recrear, a partir de realidades comerciales, universos fantásticos con una impronta personal. La moda y la ilustración han tenido desde hace tiempo una estrecha relación. De hecho, hasta que la fotografía se impuso como medio gráfico sólo el dibujo podía mostrar la esencia del vestir. Su gran imaginación junto con su exquisito uso de la tinta convirtieron a maestros como Georges Lepape, Eduardo García Benito o Helen Dryden en los grandes realizadores de las portadas durante la primera mitad del siglo XX.
Hoy Arturo Elena es colaborador habitual de las mejores revistas del sector. Trabaja con tintas sintéticas aplicadas mediante rotuladores y dibuja figurines desorbitadamente alargados. Tal vez sea fashion la palabra que mejor describe su obra.
Las escenas sociales de Jordi Labanda son un guiño a la pasión por la moda y el buen gusto. Los personajes Labanda, normalmente ricos, guapos, y cool ante todo, aparecen representados con optimismo y un punto de humor.
El blogger y artista contemporáneo John Paul Thurlow (jpthurlow.blogspot.com) se dedica a dibujar portadas reales de sus revistas favoritas. De este modo, logra convertir una imagen producida en serie en una obra de arte única, irrepetible y en sus propias palabras “imperfecta”. Utiliza el lápiz y consigue un realismo sobrecogedor.
Tan osado es el afirmar que la moda es arte como anticuado el no atreverse a hacerlo. De lo que no cabe duda es que a lo largo de su historia la moda se ha inspirado en el arte, y últimamente no para de darse el fenómeno contrario: el arte está bebiendo de las fuentes de la moda. Simple (o más bien compleja) cuestión de retroalimentación.
Enmarcando el tiempo
Calvin Klein ha sabido combinar a la perfección la “moda” con la “Moda”, es decir, la parte artística con la industria en sí. La diversificación ha sido la clave de su éxito. De entre todos los productos que llevan su nombre, los relojes son la materialización perfecta de su espíritu básico, casual y minimalista. El aura sobria, pura y en ocasiones geométrica de sus colecciones cobra vida en sus piezas de relojería y joyería. Líneas marcadas, materiales fríos como el metal y cálidos como el cuero dan formas a pequeñas esculturas que parecen brillar con luz propia.



